Retahílas
Volvía ayer sobre una de las novelas que más me ha impactado de la cantidad de “cosas” que he tenido que leer este curso, Retahílas, de Carmen Martín Gaite. Volvía en concreto a este párrafo:
Puede que sea muy triste pero sucede así, la pérdida de otro es cosa subjetiva. Y si él está perdido para ti y para mí no hay más razón que ésa: que le queremos poco.
[...] De quien puedes decir “está perdido”, a ése es que lo has soltado tú, no hay más vuelta de hoja, lo has dejado caer por lo que sea, no lo dudes, Germán; unas veces se lo habrá merecido, de acuerdo, pero otras no y el resultado es el mismo, depende de la decisión del que corta amarras y no del rumbo que viniera llevando antes de la ruptura ese otro con quien se ventila si cortarlas o no. Fíjate a cuánta gente de rumbo extraño al nuestro la seguimos sintiendo a lo largo de lunas y más lunas - y hasta toda una vida algunas veces- vinculada a nosotros [...]
Lo malo del cambio horario en el que vivo estos días con mi señor recolector de leyendas por Perú, es que me da por ponerme con el Quijote a las tres de la mañana (y ahora entiendo por qué mi profe de crítica de primero decía que siempre había que tenerlo en la mesita) o por acordarme de lo que me impactó este párrafo cuando lo leí y que tan bien describe que en el fondo los cadáveres que uno deja atrás son cosa suya, por mucho que lo intente argumentar. Y no es que encuentre yo aquí auto-exculpaciones, que para bien o para mal mi carácter es el de no buscarlas y a veces no necesitarlas, aunque pueda formularlas a la perfección; en realidad en este párrafo es donde mejor he encontrado la descripción de esas vidas que se desgajan de la nuestra… por nuestra propia voluntad.

Mucho amor desde el sol cordobés, niña.
Nos vemos el lunes -si es que no hay un arranque de energía que te traiga, y nos desmelene.
Ves?
Me gustas más cuando eres sutil.
Y vete a Córdoba, que allí no llegan los saltos de los sapos (por ejemplo).